Pecado político

 

Si usted viviera en un país bajo el mando de un dictador que sistemáticamente viola los derechos humanos, en el que existen graves restricciones a la libertad de expresión y un patrón de represalias a quienes se manifiestan contra el gobierno; en el que hay un desabasto generalizado de alimentos y no se pueden obtener medicinas y tratamientos médicos; en el que se expropia todo lo que al Gobierno le interesa o incomoda; en el que no hay independencia de Poderes ni rendición de cuentas; en el que modifican la Constitución para permitir la reelección del Presidente; en el que las elecciones son manipuladas; en el que la inflación es de un millón anual, lo que significa que los precios se duplican cada hora; en el que su "Presidente" niega la realidad diciendo que todos los informes de la situación son exagerados o presentan una visión selectiva y altamente parcializada ...

Si usted viviera en un país así y pide ayuda, qué pensaría si la comunidad internacional le respondiera de la misma manera que México respondió en el caso de Venezuela: nuestra política exterior plasmada en la Constitución dice que debemos abstenernos de intervenir directa o indirectamente en los asuntos internos de otro Estado.

Lo que México dijo a los venezolanos en otras palabras fue: Maduro es su problema y ustedes lo deben de resolver solos.

Y para medio "salvar la cara" propuso fungir como mediador de un imposible diálogo entre las partes. Digo imposible porque sentar a representantes de un pueblo a dialogar con su dictador es como sentar en la misma mesa a un violador y a sus víctimas para juntos encontrar una salida "negociada" a los crímenes cometidos.

Analicemos el espíritu, no la letra del principio de no intervención al que México se apega, y que en este caso lo veo como un pretexto para no actuar decididamente o para ocultar afinidades políticas perversas.

En general el principio de no intervención puede resumirse en lo siguientes puntos, en mi opinión aplicables sólo en situaciones en los que la democracia y derechos humanos imperan y son respetados por todas las partes involucradas:

1. Rechazo a la injerencia política, económica y militar en los asuntos internos de los pueblos. 2. Rechazo a la práctica de reconocer o no a los gobiernos que llegan al poder en un país por un medio no previsto en la Constitución respectiva. 3. Rechazo al establecimiento de alianzas con otras naciones y uso de la diplomacia para evitar todas las guerras, excepto las libradas para la autodefensa. 4. Respeto a la libre determinación, que es el derecho de los pueblos a aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades.

Pero, ¿qué pasa cuando un pueblo no acepta, no quiere mantener y quiere sustituir a su gobierno y autoridades, y éstas utilizan el poder y la fuerza pública para callarlo, encarcelando y hasta asesinando a quienes democráticamente luchan por un cambio?

Es iluso pensar que el pueblo, es decir, los ciudadanos pacíficos de un país, dedicados al trabajo y manutención de sus familias, pueden enfrentar a un dictador y a su ejército con las armas de la democracia.

En casos como el de Venezuela y otros países con dictaduras o gobiernos totalitarios, la neutralidad es criminal.

El pacifismo tiene límites morales y humanitarios. La sistemática violación de los derechos humanos de un pueblo, el hambre, los presos políticos y la opresión, bajo ninguna óptica pueden considerarse como "un asunto interno" en el cual no debemos intervenir. Al contrario, intervenir en estos casos debe ser una obligación moral. No intervenir ni siquiera con la manifestación verbal de un rechazo es (parafraseando a AMLO) un "pecado social" o un "pecado político" de graves consecuencias.

El espíritu del principio de no intervención no es el de la omisión o de la pasividad.

A los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos plasmados en la Constitución mexicana habría que agregarle un párrafo al final que diga: "excepto en los casos en los que se violen derechos humanos fundamentales de los pueblos, o se cometan crímenes de lesa humanidad".

"El mundo es un lugar peligroso no por aquellos que hacen el mal, sino por quienes pasivamente dejan que suceda".

Albert Einstein