Creación destructiva

 

Un artículo de la revista The Economist titulado "Por qué México no es próspero y cómo podría" preguntaba: ¿Si México ha adoptado una política monetaria y fiscal sólida, apertura comercial, inversión en educación y, más recientemente, una política de competencia mejorada, entonces, ¿qué salió mal?

Al respecto, el economista mexicano Santiago Levy, en su libro "Buenas intenciones, malos resultados" argumenta que hay muchas distorsiones en la economía mexicana que nos impiden avanzar: trabajadores que terminan en trabajos donde son menos productivos de lo que podrían ser; demasiadas personas que deberían ser trabajadores se convierten en empresarios o trabajan por cuenta propia, etc. Pero la distorsión que me parece clave del problema es que los negocios eficientes son gravados y penalizados, mientras que los subsidios ayudan a mantener los improductivos.

La noción de Joseph Schumpeter de "destrucción creativa", dice que la competencia capitalista expulsa las empresas más débiles y recompensa a las más fuertes. Levy invierte esta noción diciendo que en México lo que tenemos mas bien es una "creación destructiva" en la que el ambiente favorece la entrada y supervivencia de negocios débiles que obstaculizan el crecimiento de los más fuertes.

Datos duros demuestran que México tiene un número enorme y desproporcionado de pequeñas empresas que los censos en los que se basan las decisiones de gobierno infravaloran, pues excluyen la información de todas aquellas que carecen de locales fijos (como los puestos de tacos) y las de pueblos de menos de 2.500 personas. Y aún así, más del 90% de las 4.1 millones de "empresas" en el censo de 2013 tenían como máximo cinco trabajadores, y el 90% del total era informal o con empleados no asalariados.

Hace unos días, AMLO divulgó uno de sus programas estratégicos para impulsar el campo mexicano, el cual consiste en sembrar un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables, con el que se pretenden generar 400 mil empleos permanentes que permitan a igual número de campesinos trabajar donde nacieron, donde están sus familiares.

Esto suena muy bien, salvo por el pequeño detalle de que la paga del jornal a estos 400 mil campesinos será a cargo del presupuesto federal, lo que hace dudar de los objetivos y sustentabilidad del proyecto, pues pareciera que se trata simplemente regalar dinero para generar una percepción masiva y efímera de progreso.

Mas que saber que se sembrará un millón de hectáreas (supongo propiedad de particulares) con el dinero de todos los mexicanos, lo que necesitamos conocer es la viabilidad económica de ese negocio de madera y frutas, cómo y quiénes lo administrarán, la tecnología que se utilizará para ello y su sustentabilidad en el tiempo.

En otras palabras, habrá que ver si el pago de jornales equivale a dar pescados en lugar de enseñar a pescar, en este caso enseñar a sembrar, cosechar y comercializar competitivamente con el mundo entero.

Esto sería la diferencia entre invertir o gastar.

Adicionalmente habría que preguntarse si esta es la manera adecuada de generar empleos, si queremos seguir siendo un país básico que lo único que puede aportar es mano de obra barata, o si debemos dirigir a las nuevas generaciones de mexicanos, sean del campo o de la ciudad, hacia economías del conocimiento, y pasar de la manu-factura a la mente-factura", de la incompetencia y subdesarrollo a la competencia y desarrollo.

Cambiar la actual visión de México y su inserción en el mundo es lo que hará sostenible y competitivo al País y evitará que millones de mexicanos emigren a otros países en busca de oportunidades, o emigren del campo a las ciudades en busca de mejores ingresos y desarrollo personal.

Termino el tema con dos estrofas de una vieja canción (El Morralito) que describe los efectos sociales, culturales y afectivos del fenómeno migratorio del campo a la ciudad:

Llegaste el año pasado yo te vi llegar descalza/
traías un morral cargando cuando venías de tu casa/
Y ahora andas apantallando y alborotando a la raza.

Ya no escuchas el pitido de mi carro de camotes/
Tal vez algún individuo te pasa pitando en coche/
Ya cambiaste el morralito por una bolsa de broche.

"Dato: Los ricos quieren vivir en el campo y los pobres en la ciudad".

Yo